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·.
El
enigma del Cerro del Castillo en la
Prehistoria
·. Conviene
aclarar que el alto del cerro donde
está situada la villa de Vilvestre
es llamado por sus habitantes “El
Castillo” desde siempre y si bien
es cierto que existió un castillo
de frontera en época Bajo-medieval
y Moderna también hay unos enigmáticos
restos a los que le dedicaremos
nuestra atención en estas líneas.
·.
Luis Benito del Rey (1971) documenta
en la cara norte del cerro, en el
lugar donde “los moros afilaban
sus armas”, un conjunto de ochenta
y una cazoletas y ranuras verticales
sobre un “banco corrido” que
cuenta también con algunos
“pocillos y canalillos”, además
de escaleriformes. |
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·. En
una revisión posterior G. Delibes y
M. Santonja (1986) lo interpretaron
como un taller de pulimento de útiles
líticos, de lo que deducen su
posible filiación neolítica.
·.
Más recientemente su descubridor,
junto a Ramón Grande, polemiza
respecto de tal funcionalidad
revistiéndola de un aire mágico-
religioso, enumerando otra serie de
indicios presentes en todo el cerro
-escaleras, pilas, una “huella de
pie” y más pocetas-, que les
impulsan a mantener el carácter de
gran santuario prehistórico. Más aún
aventuran que el supuesto banco quizá
pudiera tratarse de un trono o
sitial, y las diferentes ranuras una
“clase de código, mensaje o fórmula
ritual”. |

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·. Luis
Benito del Rey y Marciano Sánchez
Rodríguez continúan con las
investigaciones actualmente y
razonan sus argumentos:
-
Es imposible que los hombres prehistóricos
pudieran haber pulimentado sus
hachas de piedra allí porque la
roca del monumento es de esquisto,
un tipo de pizarra que es muy blanda
para poder pulir la dura roca de la
que están fabricadas las hachas
pulimentadas prehistóricas.
-
Hubo y hay un impresionante
Santuario Rupestre Prehistórico,
con numerosas manifestaciones
inscultóricas. Los grabados de ese
misterioso lugar forman la parte más
importante, original y central del
santuario.
-
Tales grabados constituyen una
inscripción. Es un código que
encierra un mensaje, probablemente,
de carácter social y sagrado. El día
en que conozcamos la clave del código
escrito en los grabados sabremos que
nos dice.
·.
Por tratarse de un santuario pagano,
a la llegada del Cristianismo, hubo
de ser cristianizado y se construyó
en las cercanías una ermita. El
lugar elegido para el santuario en
lo alto del monte es por la creencia
de que, en las alturas, se está más
cerca de la divinidad. Conserva
también la “vía sacra”, camino
de acceso primitivo, empinado y difícil
–penitencial- hasta los grabados
situados debajo del Palomar. Esta vía
se abandona cuando se cristianiza el
lugar con la ermita. |
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·. El
santuario está situado en un
“monte-isla”, que es el centro
de un gran circo de montañas que lo
bordean: desde la cadena montañosa
que forman Peñahorcada, Espinazo
Cabra, Homomula, el Carrascal, y un
poco separada Cabeza Gejo, toda ella
por el Noreste; hasta los montes que
destacan en el Suroeste, como son el
Castillo de las Bonas y, más allá,
Monte Gudín, cerca de los cortados
del Duero.
·.
En esta amplia zona hay documentados
yacimientos romanos y sobre todo,
yacimientos prehistóricos calcolíticos,
de unos 5000 años. Esta antigüedad
cabe atribuir a este santuario
protegiendo a toda la comarca,
constituyendo el más antiguo
referente de nuestras raíces.
En él se celebraban reuniones
sociales y religiosas por lo menos
desde hace 5000 años teniendo en
cuenta que con la construcción del
castillo perdió ese carácter
sagrado. No se han encontrado
vestigios prehistóricos
significativos por lo que era un
monte enteramente reservado a la
divinidad.
·.
Esperamos que en el futuro podamos
ir conociendo más datos de este
misterioso lugar que debemos
disfrutar todos, tanto lugareños
como visitantes.
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·.
El
nacimiento de la población
·. La
presencia en la zona de una de una
población relativamente estable no
parece anterior al siglo X. La
repoblación, un largo y amplio
proceso, con sus avances y
retrocesos, no logra reorganizar
esta área hasta el siglo XII.
Alfonso VII, rey de Castilla y León,
impulsó el avance hacia el sur. Es
posible que recibiese ayuda del
arzobispado de Compostela para
asediar Coria en 1142. Donará a
Santiago, ciertos lugares y bienes
en torno a Ledesma para que sean
poblados. En 1157, al separarse los
reinos de Castilla y León, Santiago
de Compostela será la única sede
metropolitana del reino leonés. |
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·. En este marco habrá luchas entre
las diócesis de Salamanca y Ciudad
Rodrigo con la gustosa intromisión
del arzobispado compostelano.
Fernando II logrará un acuerdo en
1173 entre los dos obispados
delimitando sus territorios. En el
área de Ciudad Rodrigo y Ledesma,
nuevos vecinos reforzarán los
antiguos núcleos de población y
fundarán otros. Barrios afirma que
en este arcedianato -Ledesma se
incorpora al obispado de Salamanca-
surgen algunos creados por
repobladores orientales y que, sin
duda procedían del distrito
castellano de los Lara quienes
fundaron Vilvestre.
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·. En 1192 Alfonso IX de León dona al
arzobispo Pedro y a sus sucesores en
la sede compostelana el “dominium
et quantum ad regium pertinet uocem
in Bilbestre et in suis terminis et
directuris ubicumque potuerint
inuenirí”.
·.
En 1293 Sancho IV
confirma la exención del pago de
yantar a Vilvestre, Yecla y
Herguijuela, lo que indica que el
trato de favor a estas localidades
se había mantenido a pesar de las
protestas de las localidades
cercanas que no pertenecen a
Santiago.
·.
Pero el turbulento
siglo XIV traerá problemas: en 1342
el arzobispo se quejará de que
varios vasallos del rey toman
yantares y comen en diversas villas
compostelanas causando despoblación
y trastornos en las poblaciones. La
situación de las villas
arzobispales en las tierras leonesas
es desoladora, pues no se pagan los
“votos de Santiago” ni la mayoría
de sus cargas y rentas.
·.
Vilvestre se organizó en un concejo
en el que el arzobispo elige
alcaldes y justicias, juez y
notario; el señor participaba en
las rentas derivadas del ejercicio
de la jurisdicción, el control de
las transacciones y el
abastecimiento, y cobro de impuestos
“en reconocimiento de señorío”.
·.
En el siglo XV Yecla,
Herguijuela y Vilvestre, pertenecían
aún a Santiago, pero las rentas de
la tercera - la que más rendía –
eran arrendadas por diversas sumas
que, en 1453, suponían ya 2000
maravedís según el Registro de
Bienes y Rentas de la Mitra.
·.
En 1458 Enrique IV asignará a
Vilvestre, Yecla, Palacios y
Aldehuela el pago de 10470 maravedís
para el pedido real.
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·.
Un
castillo en la frontera
·. En
los albores de la guerra de Sucesión
la villa de la Hinojosa fue
encargada de defender su fortaleza y
los puertos entre Castilla y
Portugal. En 1478 sus vecinos fueron
obligados a colaborar y mantener a
las tropas que cercaban el castillo
de Vilvestre, tomado desde dos años
antes por los portugueses, lo que
originará la protesta de los
primeros que consideraban que así
dejaban desguarnecida su propia
localidad.
·.
Es muy probable que durante esta
ocupación, y como recoge Cooper,
los portugueses erigieran la Torre
del Homenaje de Vilvestre. Contando
con el apoyo del Duque de Alba el
castillo fue recuperado ese mismo
año. En 1479 firmaban la paz los
reyes de Castilla y Portugal. Poco
después el rey Fernando se había
comprometido a derribar las
fortalezas levantadas tras la
entrada de los portugueses en
Castilla “ desde Ciudad Rodrigo
hasta Lepe “. Vilvestre quedaba al
margen lo que evitaría la
destrucción del castillo.
·.
La ocupación de la plaza debió de
ser muy breve. Muy probablemente
tras su recuperación para Castilla
el castillo pasaría a dotarse con
una pequeña guarnición.
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·. Su
establecimiento debió prolongarse
durante los siguientes años, en los
que la amenaza de invasión
subsistía, y que se verificará con
la segunda fase del conflicto. Si
bien quedó fuera de la zona de
operaciones, es seguro que como
punto fronterizo se mantuviera o
asegurase su vigilancia. La derrota
portuguesa de Badajoz y la firma de
los tratados de paz eran garantía
suficiente para considerar
innecesario el mantenimiento de
guarniciones en la frontera. El
resultado para el enclave de
Vilvestre será su abandono. |

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·. Dos documentos valiosos de
principios del siglo XVI dan
testimonio del castillo de
Vilvestre:
-
Dibujo de Duarte Dumas, pintor de la
corte de Manuel I (1495-1521), del
castillo y población de Freixo
donde aparece al fondo a la derecha
el castillo de Vilvestre.
El rey portugués pretende la
refortificación de la frontera con
España. Para ello necesita conocer
mínimamente las características y
estado de las defensas. Encarga en
1509 a su pintor de corte, Duarte
Dumas, que recorra todo el límite,
reflejando los castillos y
fortalezas que se enfrentan en el
lado español. Es el caso de Freixo
– hoy solo se conserva la torre
poligonal y el contorno del recinto
hoy ocupado por el cementerio.
Probablemente sea de raigambre
medieval pero ha sido adaptado a los
nuevos tiempos- artillería pirobalística.
·.
A la derecha aparece el
castillo de Vilvestre
distinguiéndose una gran torre
cuadrangular en el centro de un
recinto, que lo circunda
adaptándose al perímetro y relieve
del cerro. La muralla exterior está
jalonada a tramos parejos por torres
aparentemente cuadradas. Todos los
elementos se coronan por merlones y
almenas, lo que indica la existencia
de adarve. Los vanos son mínimos y
solo los de la torre aparecen de
manera clara.
-
Visita en 1526 de los arquitectos
Juan de Álava y Juan Gil de
Hontañón para efectuar
reparaciones en el castillo. La
razón es el interés del
mantenimiento de la plaza aunque no
se tiene constancia de que se
llevaran a cabo. Arqueológicamente
hay un prolongado lapsus hasta su
“refortificación moderna”.
·. Algunos
documentos dispersos ayudan a
reconstruir la vida de la comunidad,
en el siglo XVI. El arzobispo aún
nombraba en 1501 al escribano,
contra quien pleitea el concejo por
el mal desempeño de sus funciones.
En esta zona, los Reyes Católicos
otorgarán un monopolio de
explotación minera en 1514, aunque
ya algunos vecinos habían extraído
ilegalmente plata y plomo.
·.
En 1534, la villa era
uno de los lugares más poblados
(298 pecheros) del arzobispado
compostelano en Salamanca, según el
vecindario de Luis Vázquez. A pesar
de su pertenencia a la mitra, en
Vilvestre se ejercía la justicia
real, como muestra un pleito sobre
fraude en 1545.
·.
A finales de siglo, se
produjo un cambio importante: la
localidad que en 1587 aún era
“pila” de Santiago, se contaba
en el Censo de 1591 entre los
lugares del obispado de Salamanca,
con 345 pecheros, lo que indicaba un
sustancial aumento de
población.
·.
Entre 1604 y 1629,
cuando el obispado de Salamanca
vuelve a hacer recuento de sus
lugares y aldeas, se recuerda que
“Bilbestre ...es uno de los
lugares que se le dieron al Obispado
de Salamanca de los del Arzobispado
de Santiago”. La localidad es de
buen asiento y conserva, a veces a
duras penas o en ruinas, una iglesia
principal, seis ermitas, un
humilladero y un hospital derruido.
Sus habitantes tendrían sobre todo
obligaciones agropecuarias, lo que
explicaría los conflictos que
llevaron al Concejo a pleitear con
la Mesta en 1628.
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·. Durante
el siglo XVII, la frontera volvió a
estar alerta. Es la Guerra de
Independencia portuguesa que
comienza con los motines de Oporto
en 1628 termina en 1668 con el
Tratado de Lisboa. Vilvestre fue una
de las zonas en las que el Duque de
Alba reclutó hombres con el propósito
de penetrar en Portugal al inicio de
la guerra. El enclave se refortifica
en un momento incluso ya avanzado de
la confrontación, cuando las campañas
eran ya desfavorables para España.
Una explicación a esto estaría en
que en las primeras fases del
conflicto Vilvestre era una zona de
retaguardia, no estrictamente
fronteriza, dada la unificación de
los dos reinos. Sin embargo, los
hechos históricos creemos que
invalidan estos supuestos pues la
amenaza de incursiones se verificó
desde el inicio de la sublevación,
y tal desprotección no era sino el
resultado de la penuria de la Corona
Española – recordemos que por
esas fechas gran parte del esfuerzo
se había volcado en la campaña de
Cataluña.
Una vez terminada la guerra y
reconocida la independencia
portuguesa, no tendría sentido el
mantenimiento de la guarnición de
Vilvestre.
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·.
Utilización
residual del Cerro
·. Al
exterior del recinto se localizaron
un conjunto de evidencias que
parecen definir una pequeña
construcción. Permite suponer que
procede de algún murete formado por
barro-tapial o adobe- que se alzaba
al resguardo de las viejas murallas.
Tal construcción no parece tener un
carácter habitacional, sino que
posiblemente sirvió como
dependencia agrícola destinada a la
producción, lo que relacionaría
las ruedas de molino aparecidas con
estructuras como las piletas
conocidas como “La Cama del
Diablo”.
Su mera presencia es contradictoria
con el establecimiento militar, ya
que va en menoscabo de su defensa.
Se considera que únicamente pudo
instalarse a partir del momento en
que éste quedó abandonado a partir
de las décadas finales del siglo
XVII. No obstante, la pervivencia de
esa pequeña construcción fue corta
pues quedó sepultada por los
derrumbes procedentes del colapso de
la muralla moderna.
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·.
El
abandono y la ruina del castillo
·. El castillo estaba
abandonado desde la finalización de
la guerra de Independencia de
Portugal en 1668, aunque hubo una
actuación antrópica por la cual se
convirtió en cantera de materiales
constructivos. Por las respuestas
del catastro de Ensenada (1752)
sabemos que el castillo todavía
puede reconocerse, aunque ya como
una ruina.
·. Según el mismo
catastro la villa es del señorío
del Duque de Éboli, ignoramos a
través de que conducto, pues lo último
que supimos de ella es que pasó al
Obispado de Salamanca. Las fuentes
nos aclaran muy poco al respecto
aunque lo que se sabe es que las
ruinas del castillo pasaron al
concejo que para rentabilizarlas
procederá a la venta de parcelas.
·.
Ya en el siglo XIX el
diccionario de Pascual Madoz no hace
referencia al castillo. Cuando en
1937 se elabora el Inventario
Monumental de Salamanca, A. García
Boiza indica que “ en la Alta Edad
Media hubo un castillo que citan
muchas veces los documentos
principalmente durante las luchas
entre Don Pedro el Cruel y Don
Enrique. Actualmente el municipio ha
silenciado la existencia de esas
ruinas, pero sabemos que existen”.
La degradación de éstas debía de
ser tal que M. Gómez Moreno
afirmaba “no tiene de obra humana
sino algunas paredes de lajas: allí
estuvo la población en lo antiguo y
se hallan muchas sepulturas”.
BIBLIOGRAFÍA
José Luis Cortés y María del
Rosario Olivera Arranz.
Los
Castillos Desaparecidos.1997
Luis Benito del Rey. Santuarios
Rupestres Prehistóricos. 1985
G.Delibes y M.Santonja. El fenómeno
megalítico en la Provincia de
Salamanca. 1986
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